Comentario al poemario «El nombre que una niña ha dado a cada cosa»

Tengo en mis manos un libro, un poemario “El nombre que una niña ha dado a cada cosa” escrito por el colectivo “Write Like a Girl” * Si siempre la escritura es un acontecimiento, leer un texto colectivo donde cada una de las poetas se ha fundado en otra letra, es sentir la emoción de que aún en estos tiempos de feroz individualismo, otro vivir es posible.

Tal como dice Julieta Gitto (quien prologa): “Este libro ofrece una simbiosis entre casa y cuerpo. Cuerpo y casa son uno. Los textos nos dejan de pie frente a la incógnita y las posibles respuestas de cómo construir un hogar. Casa y cuerpo mutan, se transforman, porque algo se deja atrás, <Hay que cambiar la escoba cuando te mudás para no arrastrar la mugre vieja> dicen las autoras.

Termino de leer el libro, renuevo el mate, riego las plantas del balcón y algunos versos vuelven a mí: “mi casa contenía el universo// el principio de la vida y de la muerte/ casas dentro de casa”, “ Tuve que poblar las entrañas// hacer hogar// el esqueleto de mi cuerpo// dejé entrar la lengua de mi madre..” “ Definitivamente, prefiero ser vieja que sumisa”

La casa en el terreno de lo humano se atraviesa con el tiempo. Él , el tiempo, nunca se tiene pero se da, nunca se posee pero pasa y se habita. Quizá entonces la casa sea su  hermana. Habrá quien pueda tener muchos inmuebles pero eso no hace al hogar. La casa, el hogar más íntimo ¿será nuestro cuerpo, nuestra letra, el lugar del silencio sin alerta? Dicen las poetas “No seré la casa que habíamos prometido donde también la desobediencia fue un guiño para esta libertad. He deshojado una margarita en el jardín para marcar el peso de mis años y ya no voy a poder. // Ábranse las puertas de este cuerpo que ya no reconozco// en el espejo// sé que todavía pueden crecerles alas. // Deseo el grito más que cualquier otra cosa”

El tiempo trabaja en las grietas de cada pared, en los pliegues de la piel y hace del cuerpo otro cuerpo. Cuerpo infantil, Cuerpo puber, Cuerpo madre, Cuerpo infértil, Cuerpo explotado, Cuerpo dolido. El cuerpo es siempre una metamorfosis que llega a un salto final abandonando la consciencia y la cuenta para volver a no ser, para volver a la casa universal.

Las poetas escriben a la casa como una cáscara: “porque cuando te vas, cargas siempre con lo que contenía ese espacio. Una casa habitará la próxima. Solo se trastoca su orden. ¿Será que se extraña esa particular yuxtaposición de cuerpos inertes?. La casa, tan cercana a la piel, ese órgano tan extenso, tan sensible, puerta al mundo y a lo orgánico invisible. “Una fachada -dice este colectivo- esconde un mundo entero”, y se preguntan ¿”Cómo se sobrevive sin piedras?”, “¿Qué hacer con los movimientos inútiles al sol?”. Ellas se funden en un nosotres abierto para escribir , sabiendo que el valor de las preguntas es no encontrar respuestas sino poemas.

*Colectivo que busca generar un lugar para artistas mujeres, surge a raíz de la necesidad de abrir espacios de creación, experimentación y difusión. Conformado por Noelia Agüero, Leticia Brondo, Constanza Correa Lust, Marinés Scelta y Victoria Urquiza

María José Bozzone