Este poemario es una puesta en palabras de una estética de la marginalidad. Esa mujer Alina, esa presencia casi incorpórea, es una adolescente marginal que huye de la violencia familiar, espiritual, sistemática y no cesa de huir «porque el problema de vivir huyendo – tal como afirma- es que no existe un lugar lo suficientemente lejos». Nómade, va haciendo y disolviendo hogares (¿no es acaso el hogar un lugar donde la intemperie deja de amenazar y se disuelven las voces de los amos?) en trenes oxidados, capillas abandonadas, estaciones de servicio quebradas.
Alina es también una enviada, una mesías sin dios y sin reino que se disuelve y nos muestra el camino a la desposesión, sin ninguna recompensa o promesa. Alina es la presencia que hace sagrado a lo marginal porque lo sagrado es el dolor del margen que aún así insiste en vivir y demuestra la potencia de las fugas y de lo inclasificable.
Entre resonancias de música, vive el hecho de que la acumulación de conocimiento es una mariposa muerta, entenderla es con la certeza de haber perdido el vuelo.
Es una voz, que anuncia y denuncia, que tajea y consume, en esa paradoja del consumido que se sale del mayor sistema de consumo y entonces ama con un amor “ese que da la medida de lo que pierde” “ ese que da la medida de lo que deja” ese que “entra a urgencias con su voz”.
Leer “Für Alina” es experienciar que “ la vida es hoy donde el presente queda lejos”
Alina:
“¿Sería mucho pedir que te quedes
una eternidad más?
¿Cuánto?
Lo que dure el silencio”