Hoy transcribo el poema «Cordelia» de Carlos Aldazábal de su poemario “Paraje” Edición El Suri Porfiado (Premio Olga Orozco 2021 – Fondo Nacional de las Artes)
El epígrafe refiere a una nota escrita en el año 2016 de Claudia Acuña que comienza contando que en zona de triple frontera hay un solo policía y un único médico, sin matrícula. Por dictamen de la CIDH el Estado argentino tuvo que reconocer la propiedad comunitaria de la tierra de wichis y criollos. Abandonados y obligados a convivir sin nada, recién fueron noticia cuando ocho muchachos criollos fueron acusados de violar a una niña wichi discapacitada. Por primera vez, hablan todos, de todo.
A continuación el poema,
Cordelia
Veo la imagen de libertad que representa Cordelia caminando
sola y gozosa por el monte.
Claudia Acuña, “Todo y nada”, en MU, el periódico de
La Vaca Nro 101, julio 2016
1
Somos cuerpo de monte amenazante,
Mujeres wichi, chorote y diaguitas,
Mujeres silenciadas en procesión de cantos:
Camila Borda, amiga de la brisa,
Cordelia, hermana de los pájaros,
Diana Sacayán, nacida y renacida,
para morir en manos de la maldad absurda.
¡Ay hermana del chaguar y el arcoíris!
¡Ay hermosas de palabras tristes!
¡No te detengan su voz, sigan cantando,
que nada se interponga en su camino!
Porque ustedes nos hablan en las bocas de todas,
porque ustedes señalan la entereza y la lucha,
la amarga realidad de ser un cuerpo
en manos del poder y la injusticia.
La belleza lastima, esos monstruos lo saben.
No podían soportar que fuéramos del monte,
y violaron el monte y lo ultrajaron,
quemando su color hasta dejarlo negro.
Sin cuerpos y sin monte:
la impiadosa frontera que no acepta lo vivo.
Y aquí estamos nosotras cantando tras sus huellas,
la misma procesión que dejaron sus pasos.
Nosotras en el monte y el monte en nuestros cuerpos:
amigas de la brisa, amigas de los pájaros,
amenazamos las fronteras con el simple alegato de nuestra libertad.
2
Cordelia hablaba con los pájaros:
juntando sus manos hacía un instrumento que hablaba en ese idioma.
El dueño de los pájaros le decía a Cordelia los lugares del monte,
y Cordelia, sin dueño, caminaba y cantaba recolectando frutos.
Cordelia nos llamaba:
jugábamos en ronda a la orilla del río, y después por el monte.
Ya de grande Cordelia se perdía en lo verde,
y a nadie le extrañaba su silbido de pájaro,
Yo he juntado mis manos para hablar con Cordelia.
A veces contestaba.
A veces, el dueño de los pájaros mandaba un colibrí.
A veces una garza-
Cuando los pájaros callaron calló Cordelia.
Todavía recuerdo ese silencio.
Y el terror, que se adueño del monte.
3
Cuando llegaron los criollos llegó el olvido.
Cuando se fueron, Cordelia fue encontrada en un lugar del monte:
su cuerpo maniatado, su boca silenciada.
El dueño de los pájaros ya no habló en su silbido.
Su cuerpo peregrino ya no quiso andar solo.
A veces, soplo mis manos para llamar su espíritu,
y el dueño de los pájaros me manda una calandria que canta por Cordelia.
El cuerpo de Cordelia tiene miedo.
Pero su espíritu habla por los pájaros:
“Hermosa colibrí, hermana de mi canto, soy Nosilatiaj y fui Cordelia.
Somos Nosilatiaj en esta ronda, la frágil libertad de las mujeres”