«Cuatrocientos noventa y siete» de Martín Kohan

Creo -o será en todo caso que es mi modo de seguir manteniendo la apuesta- que hay momentos donde es indispensable escuchar y oír para intentar devolver la dignidad a la palabra. Más aún cuando el grito de libertad y dictadura justifica el odio impune y hasta funcionarios evocan lo peor del aparato de represión paraestatal que socavó la vida y la comunidad de nuestro país (no me gusta para nada cuando se dice «este país» ) no hace tantos años o cuando las medidas de salud van siendo conquistadas por el raiting de imagen de un candidato.

A la escritura -como afirma Dolores Reyes- le queda juntar los restos y generar relatos que puedan poner a circular discursos alternativos. Por eso hoy leo «Cuatrocientos noventa y siete» el primer capítulo de la novela «Dos veces junio» de Martín Kohan.

«Publicada por primera vez en 2002, Dos veces junio es protagonizada por un conscripto (en junio del 78) cuyos recuerdos conforman la primera parte de la novela “Diez del seis”. Este personaje, una suerte de sirviente -un colimba- que ve desde adentro el mundo de los que encarnaron la represión y reencuentra, cuatro años después, al médico militar del que era el chofer, en “Treinta del seis (epílogo)” . El tiempo de la novela se encuentra desdoblado entre esos dos momentos, 10 de junio de 1978 y 30 de junio de 1982«.

La situación inicial de la novela se dispara con una pregunta: «¿A partir de qué edad se puede empesar a torturar a un niño?», escrita con error ortográfico por un cabo en el cuaderno de notas y dirigida al doctor que supervisa las torturas. Este soldado es llamado para que encuentre al médico que debía responder la consulta, pero sólo se preocupa por la falta de ortografía que lee en el mensaje y lo que más lo inquieta es haber corregido el error y con ello, haber desautorizado la voz de la autoridad.

Una novela que muestra que la humanidad no progresa lentamente, de combate en combate para arribar a un acuerdo de leyes sino que en cada época se instalan violencias en el sistema de reglas y que entonces debemos estar advertidos que a veces ese sistema de reglas de apoco desata el horror.

Majo

María José Bozzone